Barouch Giechaskiel ha realizado recientemente una Revisión de trabajos publicados
en relación al uso de la Creatin Quinasa en el control del Entrenamiento de Fuerza que
ha sido publicado bajo el título «Weight Training and Creatine Kinase (CK) Levels: A
Literature Review”.
Este artículo analiza la enzima creatina quinasa (CK), usada habitualmente como
marcador de daño muscular tras el ejercicio, y propone su uso como indicador de
recuperación y adaptación tras el entrenamiento de fuerza. La revisión se centra en
ejercicios concéntricos típicos de gimnasios y estudios de fitness, excluyendo acciones
excéntricas o entrenamiento de resistencia.
Tras una única sesión de entrenamiento, los niveles de CK tienden a aumentar y alcanzar su pico entre 1 y 3 días después. En promedio, este pico corresponde a 2,5 veces el valor basal tras ejercicios de cuádriceps, 3,5 veces en entrenamientos de cuerpo completo, y hasta 4,5 veces tras ejercicios de bíceps. Sin embargo, la variabilidad es considerable y en algunos casos puede alcanzar hasta 900–1000 U/L.
El dato más relevante de la revisión se extrae de los estudios a largo plazo (de más de cuatro semanas o 1-2 semanas en casos de sobreentrenamiento). En estos, se encontró una clara relación entre los niveles de CK medidos 1-3 días después del entrenamiento y los cambios en el rendimiento físico. En concreto:
El artículo destaca que los entrenamientos típicos de fuerza (5–15 series de 6–15 repeticiones) provocan incrementos moderados en CK, que vuelven a valores normales tras 3-4 días de descanso. Además, se señala que personas entrenadas requieren hasta 4–5 días para recuperar completamente, mientras que los ejercicios excéntricos generan mayor daño y requieren más tiempo de recuperación, con picos de CK más altos y prolongados.
El estudio también hace una advertencia sobre los denominados “hiperrespondedores”, personas cuyos niveles de CK se disparan incluso tras entrenamientos moderados. Aunque estos valores tienden a normalizarse tras unos días y no implican necesariamente problemas de salud, se recomienda precaución, introducción progresiva al entrenamiento y evitar esfuerzos excesivos.
En resumen, la principal recomendación del artículo es medir los niveles de CK entre uno y tres días después del entrenamiento, y mantenerlos por debajo de 550 U/L. Esta práctica podría ser útil no solo para prevenir lesiones, sino también para maximizar el progreso en fuerza e hipertrofia muscular.
El autor concluye que, si bien la presencia moderada de CK refleja un proceso de adaptación, el exceso de daño muscular no conlleva mejores resultados, sino que puede obstaculizar la mejora del rendimiento y aumentar el riesgo de sobreentrenamiento o lesión.
Tras una única sesión de entrenamiento, los niveles de CK tienden a aumentar y alcanzar su pico entre 1 y 3 días después. En promedio, este pico corresponde a 2,5 veces el valor basal tras ejercicios de cuádriceps, 3,5 veces en entrenamientos de cuerpo completo, y hasta 4,5 veces tras ejercicios de bíceps. Sin embargo, la variabilidad es considerable y en algunos casos puede alcanzar hasta 900–1000 U/L.
El dato más relevante de la revisión se extrae de los estudios a largo plazo (de más de cuatro semanas o 1-2 semanas en casos de sobreentrenamiento). En estos, se encontró una clara relación entre los niveles de CK medidos 1-3 días después del entrenamiento y los cambios en el rendimiento físico. En concreto:
- Valores de CK inferiores a 550 U/L (equivalente a 3,5 veces el nivel basal) se asociaron mayoritariamente con mejoras de rendimiento, tanto en fuerza como en hipertrofia muscular.
- Valores superiores a 550 U/L tendieron a asociarse con rendimientos estables o decrecientes, lo que indica un mayor riesgo de sobrecarga o lesión.
El artículo destaca que los entrenamientos típicos de fuerza (5–15 series de 6–15 repeticiones) provocan incrementos moderados en CK, que vuelven a valores normales tras 3-4 días de descanso. Además, se señala que personas entrenadas requieren hasta 4–5 días para recuperar completamente, mientras que los ejercicios excéntricos generan mayor daño y requieren más tiempo de recuperación, con picos de CK más altos y prolongados.
El estudio también hace una advertencia sobre los denominados “hiperrespondedores”, personas cuyos niveles de CK se disparan incluso tras entrenamientos moderados. Aunque estos valores tienden a normalizarse tras unos días y no implican necesariamente problemas de salud, se recomienda precaución, introducción progresiva al entrenamiento y evitar esfuerzos excesivos.
En resumen, la principal recomendación del artículo es medir los niveles de CK entre uno y tres días después del entrenamiento, y mantenerlos por debajo de 550 U/L. Esta práctica podría ser útil no solo para prevenir lesiones, sino también para maximizar el progreso en fuerza e hipertrofia muscular.
El autor concluye que, si bien la presencia moderada de CK refleja un proceso de adaptación, el exceso de daño muscular no conlleva mejores resultados, sino que puede obstaculizar la mejora del rendimiento y aumentar el riesgo de sobreentrenamiento o lesión.
