1. Planteamiento del problema
La pretemporada concentra en 4–6 semanas el mayor incremento de volumen y densidad de entrenamiento de todo el ciclo anual, sobre una musculatura frecuentemente desacondicionada tras el periodo transitorio. Es, por ello, la ventana de mayor incidencia de lesión muscular por sobrecarga y de mayor riesgo de recidiva. El problema no está resuelto: en el UEFA Elite Club Injury Study, la lesión isquiosural ha pasado de representar el 12 % de todas las lesiones en 2001/02 al 24 % en 2021/22, y entre 2014/15 y 2021/22 su incidencia en entrenamiento creció un 6,7 % anual y su burden un 9,0 % anual (Ekstrand et al., 2023). Paradójicamente, el mismo registro muestra que las pretemporadas con mayor número de sesiones se asocian a menos lesiones durante la temporada (Ekstrand et al., 2020): el problema no es entrenar mucho, sino distribuir mal la carga individual. De ahí el interés por marcadores objetivos que permitan modular la dosis jugador a jugador.
2. Fundamento fisiológico: qué informa y qué no informa la CK
La CK sérica es el marcador indirecto de daño muscular más utilizado en el deporte por su bajo coste, disponibilidad y sensibilidad a la carga excéntrica. Su elevación traduce un aumento de la permeabilidad del sarcolema secundario a acciones de alta demanda excéntrica —desaceleraciones, cambios de dirección, sprints, saltos— y no un daño estructural macroscópico. En futbolistas, el pico aparece habitualmente entre las 24 y 48 h post-esfuerzo, con normalización en 48–72 h cuando la recuperación es adecuada (figura 1). Conviene recordar que el ensayo no cuantifica masa enzimática sino actividad enzimática, medida por método enzimático acoplado.

Tres limitaciones metodológicas condicionan cualquier interpretación clínica:
- Variabilidad interindividual muy elevada: los intervalos de referencia en deportistas (82–1.083 U/L en varones) duplican los de población moderadamente activa (Mougios, 2007). Un valor «alto» en términos poblacionales puede ser normal para un jugador concreto.
- Variabilidad intraindividual elevada: en futbolistas jóvenes se han descrito coeficientes de variación intraindividuales medianos del 50 % para la CK, muy superiores a los de la urea (Hecksteden et al., 2016; Radišić Biljak et al., 2025).
- Dependencia de factores ajenos a la carga: masa muscular, etnia, tipo de muestra (venosa vs. capilar), temperatura de análisis, hidratación, suplementación y fase de la temporada.
Por ello, el uso de puntos de corte poblacionales fijos es metodológicamente débil. El marco válido es el de la referencia individual: comparar cada valor con la media propia del jugador y no con un umbral de laboratorio (figura 2).

3. Evidencia disponible
3.1. La CK sí sirve para cuantificar y modular la carga. Durante la pretemporada existe una relación consistente entre carga externa y respuesta de CK. En un periodo preparatorio de 14 días en futbolistas de élite, el número de deceleraciones explicó el 62 % de la CK post-entrenamiento y las aceleraciones un 11 % adicional, con notable variabilidad interindividual (Nagy et al., 2021). Los modelos que relacionan carga externa (GPS o perfil de movimiento) con la respuesta de CK muestran rendimiento predictivo aceptable solo cuando se construyen jugador a jugador (Schuth et al., 2023, 2024). La monitorización seriada permite además describir la trayectoria esperable en pretemporada —pico en la primera semana y descenso progresivo hacia el día 10 pese al mantenimiento de la carga—, que refleja el efecto protector de la sesión repetida (repeated bout effect).
3.2. La CK como predictor de lesión: qué se ha demostrado y qué no. La referencia más citada en contra es la cohorte de cuatro temporadas de Tamujo et al. (2024): 80 jugadores, 1.656 casos y 229 lesiones musculares, en la que la CK medida en el segundo día post-partido no discriminó el riesgo de lesión posterior (sensibilidad 56 %, especificidad 55 %, OR 1,00, AUC 0,557). El dato es sólido, pero su transferencia a la pretemporada exige dos cautelas importantes:
- Validez externa limitada. El diseño incluye únicamente jugadores con ≥45 min en dos partidos consecutivos en 7 días, con extracción en MD+2 y seguimiento a 5 días. Es un escenario de calendario congestionado en competición, fisiológicamente distinto de la pretemporada, donde la carga dominante es el volumen y la densidad de entrenamiento acumulados sobre una musculatura sin efecto de sesión repetida establecido, y donde el rango dinámico de la CK es considerablemente mayor.
- No evalúa control seriado. Se analiza una determinación puntual interpretada frente a valores absolutos, no la trayectoria de cada jugador respecto de su propia media. Es precisamente el diseño que la literatura de referenciación individual anticipa que debe fallar: al comparar enfoques de interpretación en la valoración de la recuperación muscular en fútbol, el abordaje individualizado reduce sustancialmente las tasas de error frente al punto de corte poblacional (error en test-pass 21 % vs. 67 %; test-fail 19 % vs. 64 %).
En sentido contrario, los trabajos que sí construyen perfiles individuales describen elevaciones de CPK y urea en las semanas previas a la lesión respecto de los valores basales del propio jugador (Muñoz-Comet et al., 2018), aunque con diseño retrospectivo, muestra reducida (23 jugadores, 9 lesiones) y sin capacidad de cribado individual demostrada. Existe además una línea de trabajo que relaciona la carga de pretemporada con marcadores bioquímicos, lesiones y rendimiento en la temporada posterior, más pertinente a esta pregunta que los estudios post-partido.

Cómo conciliar Lazarim y Tamujo. No se contradicen porque no responden a lo mismo, y su peso metodológico es distinto. Lazarim aporta un mecanismo plausible —un valor muy por encima de la referencia propia señala sobrecarga, y actuar sobre él (reducir carga) normaliza la CK— sobre la base de una serie observacional y un único caso de lesión, sin grupo de comparación de «CK alta sin lesión». Tamujo aporta lo que a Lazarim le falta: una cohorte con 229 lesiones que evalúa formalmente la capacidad discriminativa y no la encuentra. La lectura combinada correcta no es «la CK predice» (Lazarim no lo demuestra) ni «la CK no sirve» (Tamujo solo descarta el valor predictivo de una determinación puntual poblacional), sino que la CK es útil como marcador de sobrecarga individual sobre el que intervenir, no como predictor de riesgo por sí mismo.
Conclusión metodológica: no existe hoy ninguna cohorte prospectiva en pretemporada que use CK seriada con referencia individual como exposición y la lesión muscular como desenlace. La afirmación defendible no es «la CK no predice», sino que no se ha estudiado con el diseño que haría falta. Se trata de ausencia de evidencia, no de evidencia de ausencia.
4. La barrera práctica: por qué apenas se ha estudiado la referencia individual
El obstáculo para aplicar el marco individualizado nunca ha sido conceptual, sino logístico. Construir una media individual fiable exige un número elevado de determinaciones por jugador, repetidas a lo largo de semanas; con circuito de laboratorio central esto implica venopunción, transporte, demora de resultados de horas o días y un coste que hace inviable la frecuencia necesaria. Un resultado que llega 48 h tarde no permite modificar la sesión de mañana.
Los analizadores de bioquímica en el punto de atención (POCT) modifican esta ecuación. El SimplexTAS 101 —analizador multiparamétrico portátil (≈3,4 kg) que combina inmunoquímica y química clínica automatizada— es un ejemplo aplicable al entorno del fútbol:
- Resultado cuantitativo de CK en aproximadamente 13 minutos, a partir de una gota de sangre capilar (≈20 µL) obtenida por punción digital, o de sangre venosa.
- Proceso íntegramente automatizado: cartucho monodosis precargado y calibrado, centrífuga integrada en el propio módulo y lectura colorimétrica sin intervención del operador, lo que elimina el error de manipulación y no requiere personal de laboratorio.
- Procesamiento simultáneo de hasta 4 cartuchos: cuatro jugadores en la misma tanda, o cuatro parámetros de un mismo jugador.
- Panel ampliable en la misma plataforma —CK y CK de rango amplio, urea/BUN, PCR, hemoglobina, creatinina, AST/ALT—, lo que permite complementar la CK con marcadores de estrés metabólico e inflamatorio de menor variabilidad intraindividual.
- Control de calidad interno (IQC) con bloqueo por QC e identificación de jugador/operador, condición imprescindible para que una serie longitudinal sea comparable consigo misma.
El aporte real de esta tecnología es de viabilidad, no de validez: no mejora por sí sola el valor predictivo de la CK, pero hace practicable la frecuencia de muestreo y la inmediatez que el enfoque individualizado requiere, y traslada la decisión al mismo día de entrenamiento. Es, en la práctica, lo que permite pasar del umbral poblacional a la referencia propia de cada jugador. El propio Lazarim et al. (2007) anticipaba esta necesidad al señalar entre sus implicaciones prácticas que un analizador portátil permitiría evaluar el estrés muscular en tiempo real durante la competición, con la advertencia —hoy plenamente vigente— de que los intervalos de referencia deben validarse específicamente para cada kit portátil antes de aplicarlos. Condición metodológica ineludible: mantener constante el tipo de muestra (capilar o venosa), la hora y las condiciones preanalíticas durante toda la serie, ya que ambos tipos de muestra no son intercambiables para CK.
5. Propuesta de protocolo aplicable a la pretemporada
El valor de la CK aparece cuando se integra en un sistema multimodal de monitorización, no cuando se usa de forma aislada:
| Momento | Determinación | Decisión asociada |
| Día 0 (reconocimiento) | CK basal tras ≥48–72 h sin carga; repetir 2–3 veces en la 1.ª semana | Construir la línea de base individual y descartar hiperCKemia patológica |
| Semanas 1–3 | 2–3 extracciones/semana, en ayunas, misma hora y mismo tipo de muestra | Ajuste individual del volumen/densidad de la sesión; detección de «no respondedores» a la recuperación |
| Amistosos | CK a las 40–48 h del partido | Programación de MD+2 (recuperación activa vs. carga) |
| Señal de alarma | Δ > 90–100 % sobre la media individual, o valor sostenido sin descenso a las 72 h | Revisión conjunta con RPE, GPS (deceleraciones, HSR), CMJ y sensación subjetiva; individualizar la sesión |
La decisión nunca debe tomarse sobre el dato analítico aislado: la CK aporta la dimensión de daño muscular, el CMJ la de fatiga neuromuscular, el sRPE la carga interna percibida y el GPS la carga externa. La discordancia entre ellas (p. ej., CK muy elevada con CMJ conservado) es, en la práctica, tan informativa como el valor absoluto.
6. Conclusiones
- No hay evidencia directa de que el control seriado de CK reduzca las tasas de lesión muscular en pretemporada, pero tampoco hay evidencia que lo descarte: el estudio negativo de referencia analiza una determinación puntual post-partido en competición, no una serie individualizada en periodo preparatorio.
- Sí existe evidencia consistente de que la CK cuantifica de forma sensible el daño muscular inducido por el volumen y la densidad de entrenamiento, especialmente por la carga de deceleraciones.
- El enfoque individualizado reduce de forma sustancial las tasas de error de clasificación frente al umbral poblacional. Es, hoy, la única forma metodológicamente defendible de usar la CK.
- La disponibilidad de analizadores POCT como el SimplexTAS 101 elimina la barrera logística que ha impedido aplicar y estudiar ese enfoque, al permitir determinaciones frecuentes, inmediatas y a pie de campo con una gota de sangre.
- Requisitos imprescindibles: referencia individual, estandarización estricta de la preanalítica y lectura conjunta con marcadores neuromusculares, perceptivos y de carga externa.
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Bibliografía
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